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aterricemos la cosa, por favor
Enviado por nelson pino b el Vie, 11/12/2009 - 5:31pm.
Ronald te envió un mensaje.
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(sin asunto)
¡Aterricemos la cosa, por favor!
El bowling nacional federado es una micro Venezuela, una representación casi exacta del país que hemos tenido y que seguimos teniendo, aun con los cambios sufridos en estos últimos once años.
La dirigencia actual, con un presidente acomodado en esa silla durante 15 años, supuso, por ejemplo, que el poder era para ejercerlo y que el autoritarismo era la mejor vía para hacerlo: ¿Quién va a respetar a una directiva si no respetan al presidente? ¿Quién ha visto a un presidente que se respete pidiendo permiso para establecer las reglas del juego? ¿O para modificar un calendario? ¿O para eliminar de un dedazo tal o cual torneo, o varios de ellos, mejor? ¿O para inventar una clasificación para mayores de 50 años con 24 líneas en tres días, durante tres o cuatro semanas consecutivas?
Cada una de estas preguntas, o sus respuestas, son piedras de esas con las que se construyen, según la sabiduría popular, los miles de caminos que terminan en el infierno, o en el purgatorio, o en cualquiera de esas boleras privadas que siempre se van a convertir en ¨un paraíso¨, pero donde nunca no sirven ni los baños.
Ese autoritarismo desmedido produjo decisiones tan graves como la eliminación de la tercera categoría, que era la puerta de entrada natural de los nuevos bolicheros, además del gran torniquete económico de la aspiración de cualquier disciplina deportiva, como lo es la auto sustentabilidad financiera. Y esto se produjo sin que mediara la más mínima consulta al colectivo, a los jugadores. Y también sin que se oyera alguna protesta; incluso hubo algunos tontos que se alegraron porque “subieron” directo a segunda categoría. ¿Se parece en algo a nuestro país?
Con la eliminación de la tercera categoría se demostró que esa dirigencia no tenía el menor aprecio por la que debería ser su principal responsabilidad, como lo es la promoción del boliche. Es tan simple como que para poder hacer tortilla hay que romper huevos. Todo lo que estuviera al final del camino: alto rendimiento, triunfos y reconocimientos internacionales tendría –y tiene que pasar- por la incorporación de la gente al boliche. Entre otros motivos, porque el talento se agota, se desgasta, envejece, se retira, y mientras más gente participe habrá más opciones para que al final haya mayor cantidad de nuevos valores. Es la depuración natural de cualquier proceso que se pretenda de selección.
No pretendo juzgar ni tampoco excusar a la dirigencia de los últimos 15 años y creo que muchas cosas se hicieron de buena fe. Creo que el modelo de boliche organizado que tenemos desde siempre está agotado hace sopotocientos años y por eso ha sido desechado y sustituido en muchos países.
En todo caso, mucho de lo que hoy tanta gente reclama sucedió porque los jugadores permitimos que así fuera. No actuamos como deportistas organizados, como ciudadanos, exigiendo derechos y asumiendo obligaciones. Creo que muchos pensamos que con pagar la anualidad y bajarnos de la mula en los torneos estabamos cumpliendo cabalmente con lo que nos correspondía. Obviamente no era así.
Cuando el que manda descubre que los mandados son sólo mandados, que no tienen voz ni para quejarse, entonces sucede lo peor. Y de allí vienen las frases y los desplantes que tanto hemos oído: “Esto para mi es un sacrificio”, “estoy descuidando mis intereses”, “es que la gente cree que esto es una mantequilla”, “estoy aquí porque nadie le echa pichón”…y así hasta el infinito, no sin antes recordar que más de una vez nos hicimos los locos y avalamos, con nuestro silencio y con nuestra ausencia, las relecciones sucesivas de quienes desde hace tres lustros tienen en sus manos el coroto.
Creo que Nelson Pino, a quien conozco como persona y bolichero desde 1965, ha actuado de buena fe y ha logrado movilizar la conciencia y la opinión de mucha gente. Es verdad que en todo el proceso ha habido equivocaciones, malos modos, medias verdades o inexactitudes, pero en todo caso creo que el balance de las iniciativas de Nelson Pino es favorable.
En lo particular soy un profundo cultor de la libertad de expresión y creo que cada una de las manifestaciones públicas que se han producido son convenientes para el futuro del boliche, desde las más sesudas y profundas hasta las más anécdoticas y personales.
Lo que sí rechazo de manera rotunda son las pretensiones de algunos ex dirigentes de pescar en río revuelto. Y creo también, ya que andamos en esa onda acuática, que “entre las guabinas hay un bagre”, como señala el saber popular cuando descubre que hay alguien que no debería estar.
Ese ex dirigente cree que uno es pendejo, o que no tiene memoria suficiente para recordar cuando pretendía ser una copia del actual presidente, especialmente cuando su jefe no andaba por allí: Autoritario como el que más y mandón hasta la grosería. Ahora es un niño de pecho, un angelito caído del cielo, una blanca ave de aquellas que pintaba Picasso. Sí Luis, como dicen ahora. Ese señor avaló con su presencia de varios años en la directiva mucho de lo que hoy critica y rechaza.
Creo –y ya para finalizar- que todo lo que se ha dicho y escrito debe ser aterrizado, convertido en letra y acción. Y qué mejor pista para hacerlo que un documento que recoja el consenso del mayor número de bolicheros (por cierto, bolichista es un término absolutamente cursi por artificial, y recuerden que el idioma va mucho más allá de los diccionarios, que por cierto parecen emocionar al ex dirigente aludido porque los cita a cada rato en sus escritos, aunque cuando se refirió a la condición de unas canchas, escribió que si estaban o no “actas”, cuando lo correcto es aptas).
Ese consenso debería incluir una propuesta concreta de conceptualización de la disciplina, así como de lo que queremos sea su futuro. Me temo que si no lo hacemos así, seguiremos esperando a que venga alguien a “salvar la patria”. No vaya a ser que ese “salvador” sea peor que los que ya conocemos.
Disculpen lo extenso. Con mis saludos,
Ronald Nava G.
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(sin asunto)
¡Aterricemos la cosa, por favor!
El bowling nacional federado es una micro Venezuela, una representación casi exacta del país que hemos tenido y que seguimos teniendo, aun con los cambios sufridos en estos últimos once años.
La dirigencia actual, con un presidente acomodado en esa silla durante 15 años, supuso, por ejemplo, que el poder era para ejercerlo y que el autoritarismo era la mejor vía para hacerlo: ¿Quién va a respetar a una directiva si no respetan al presidente? ¿Quién ha visto a un presidente que se respete pidiendo permiso para establecer las reglas del juego? ¿O para modificar un calendario? ¿O para eliminar de un dedazo tal o cual torneo, o varios de ellos, mejor? ¿O para inventar una clasificación para mayores de 50 años con 24 líneas en tres días, durante tres o cuatro semanas consecutivas?
Cada una de estas preguntas, o sus respuestas, son piedras de esas con las que se construyen, según la sabiduría popular, los miles de caminos que terminan en el infierno, o en el purgatorio, o en cualquiera de esas boleras privadas que siempre se van a convertir en ¨un paraíso¨, pero donde nunca no sirven ni los baños.
Ese autoritarismo desmedido produjo decisiones tan graves como la eliminación de la tercera categoría, que era la puerta de entrada natural de los nuevos bolicheros, además del gran torniquete económico de la aspiración de cualquier disciplina deportiva, como lo es la auto sustentabilidad financiera. Y esto se produjo sin que mediara la más mínima consulta al colectivo, a los jugadores. Y también sin que se oyera alguna protesta; incluso hubo algunos tontos que se alegraron porque “subieron” directo a segunda categoría. ¿Se parece en algo a nuestro país?
Con la eliminación de la tercera categoría se demostró que esa dirigencia no tenía el menor aprecio por la que debería ser su principal responsabilidad, como lo es la promoción del boliche. Es tan simple como que para poder hacer tortilla hay que romper huevos. Todo lo que estuviera al final del camino: alto rendimiento, triunfos y reconocimientos internacionales tendría –y tiene que pasar- por la incorporación de la gente al boliche. Entre otros motivos, porque el talento se agota, se desgasta, envejece, se retira, y mientras más gente participe habrá más opciones para que al final haya mayor cantidad de nuevos valores. Es la depuración natural de cualquier proceso que se pretenda de selección.
No pretendo juzgar ni tampoco excusar a la dirigencia de los últimos 15 años y creo que muchas cosas se hicieron de buena fe. Creo que el modelo de boliche organizado que tenemos desde siempre está agotado hace sopotocientos años y por eso ha sido desechado y sustituido en muchos países.
En todo caso, mucho de lo que hoy tanta gente reclama sucedió porque los jugadores permitimos que así fuera. No actuamos como deportistas organizados, como ciudadanos, exigiendo derechos y asumiendo obligaciones. Creo que muchos pensamos que con pagar la anualidad y bajarnos de la mula en los torneos estabamos cumpliendo cabalmente con lo que nos correspondía. Obviamente no era así.
Cuando el que manda descubre que los mandados son sólo mandados, que no tienen voz ni para quejarse, entonces sucede lo peor. Y de allí vienen las frases y los desplantes que tanto hemos oído: “Esto para mi es un sacrificio”, “estoy descuidando mis intereses”, “es que la gente cree que esto es una mantequilla”, “estoy aquí porque nadie le echa pichón”…y así hasta el infinito, no sin antes recordar que más de una vez nos hicimos los locos y avalamos, con nuestro silencio y con nuestra ausencia, las relecciones sucesivas de quienes desde hace tres lustros tienen en sus manos el coroto.
Creo que Nelson Pino, a quien conozco como persona y bolichero desde 1965, ha actuado de buena fe y ha logrado movilizar la conciencia y la opinión de mucha gente. Es verdad que en todo el proceso ha habido equivocaciones, malos modos, medias verdades o inexactitudes, pero en todo caso creo que el balance de las iniciativas de Nelson Pino es favorable.
En lo particular soy un profundo cultor de la libertad de expresión y creo que cada una de las manifestaciones públicas que se han producido son convenientes para el futuro del boliche, desde las más sesudas y profundas hasta las más anécdoticas y personales.
Lo que sí rechazo de manera rotunda son las pretensiones de algunos ex dirigentes de pescar en río revuelto. Y creo también, ya que andamos en esa onda acuática, que “entre las guabinas hay un bagre”, como señala el saber popular cuando descubre que hay alguien que no debería estar.
Ese ex dirigente cree que uno es pendejo, o que no tiene memoria suficiente para recordar cuando pretendía ser una copia del actual presidente, especialmente cuando su jefe no andaba por allí: Autoritario como el que más y mandón hasta la grosería. Ahora es un niño de pecho, un angelito caído del cielo, una blanca ave de aquellas que pintaba Picasso. Sí Luis, como dicen ahora. Ese señor avaló con su presencia de varios años en la directiva mucho de lo que hoy critica y rechaza.
Creo –y ya para finalizar- que todo lo que se ha dicho y escrito debe ser aterrizado, convertido en letra y acción. Y qué mejor pista para hacerlo que un documento que recoja el consenso del mayor número de bolicheros (por cierto, bolichista es un término absolutamente cursi por artificial, y recuerden que el idioma va mucho más allá de los diccionarios, que por cierto parecen emocionar al ex dirigente aludido porque los cita a cada rato en sus escritos, aunque cuando se refirió a la condición de unas canchas, escribió que si estaban o no “actas”, cuando lo correcto es aptas).
Ese consenso debería incluir una propuesta concreta de conceptualización de la disciplina, así como de lo que queremos sea su futuro. Me temo que si no lo hacemos así, seguiremos esperando a que venga alguien a “salvar la patria”. No vaya a ser que ese “salvador” sea peor que los que ya conocemos.
Disculpen lo extenso. Con mis saludos,
Ronald Nava G.








